Tu niña te necesita.
Hace un tiempo…
no me sentaba aquí frente a esta pantalla a escribir un poco de mi historia.
Hace un tiempo es hace mucho, porque honestamente no recuerdo cuándo fue la última vez que compartí una historia en mi blog. La vida es sorpresiva, compleja, natural, sobrenatural y a veces incluso un poco agobiante. Pero al mismo tiempo, existe un mundo paralelo, donde todo es hermoso, grandioso y abundante.
He descubierto que genuinamente, esa es la magia de la vida…
Atravesar el caos mientras cultivamos la luz, aferrarnos a lo antiguo mientras abrazamos el cambio y contar las bendiciones mientras resolvemos los problemas en el camino.
La vida es mágica, pero al mismo tiempo revolucionaria.
Hoy, me siento aquí desde una nueva perspectiva… y no precisamente porque esté en un lugar distinto, aunque sí lo estoy, ahora desde este lugar que llamo mi hogar y el de mi familia: mi esposo, mi hija y yo. Pero hoy, realmente, la perspectiva la define mi estado, el físico, el mental, el emocional y el espiritual. Hoy mi mente ya no es la misma, incluso ha experimentado cambios físicos muy grandes, mi cuerpo ha cambiado por completo, y ni hablar de mi Alma y de mi espíritu, desde que Alma, mi hija, llegó a mi vida.
Desde pequeña, siempre soñé con ser mamá… tener un bebé que fuera solo mío, pasar todo el tiempo con ese pequeño ser al que desde el Amor me dedicaría a alimentar, a cuidar, a nutrir, a educar, a jugar y a distraer. Veía a las madres siendo madres y decía: “algún día tendré mi propio bebé y no me cansaré porque para mí no hay nada más divertido que cuidar a un bebé.” De hecho, recuerdo muchas veces considerar hacer el trabajo de niñera con tal de estar cerca de un bebé 24/7.
Hoy, que ya mi hija casi tiene un año, recuerdo esa niña tan inocente y me da ternura todo lo que ella pensaba, porque sus pensamientos eran solo una ilusión que no calculaban la magnitud y la grandeza de lo que estaba diciendo. Tener sobre tus hombros la responsabilidad de mantener a una criatura viva, saludable, alegre, nutrida, distraida y consciente, es una responsabilidad que no se puede medir con un numero cuantitativo. Que hermosa e inocente era mi niña, que hoy vive en mi interior y a veces ni siquiera tiene la madurez suficiente para sostenerse en calma sin hacer una pataleta.
Ser mamá me ha recordado a esa niña una y otra vez, constantemente… y no precisamente para llenarme de nostalgia o para extrañar el pasado cuando todo era sencillo y los adultos eran quienes se hacían cargo de mi, sino desde una perspectiva muy distinta: para recordarme que la vida puede ser así, un juego muy divertido o un régimen extremadamente aburrido.
Y ese, precisamente ese, ha sido mi reto más grande de la maternidad: no tomarme la vida tan en serio, salir de los parámetros, ser flexible, soltar el control, y aprender a fluir dentro del caos, encontrar la magia en el cansancio y la diversión en la cotidianidad.
La delgada línea entre cómo las cosas deben ser y cómo las cosas realmente son.
La constante decisión por el lente correcto para ver la vida cada día, el de la gratitud o el de la comparación.
Ver el vaso medio vacío o elegir verlo medio lleno cada día.
Presionarte constantemente por lo que está “mal” o elegir darte crédito por todo lo que has hecho “bien.”
¿Que complicado ser adulto cierto?
Por eso Alma me ha recordado lo importante que es seguir internamente siendo una niña para divertirme mientras vivo y así disfrutar al máximo los momentos con ella, y al mismo tiempo ser la adulta que se hace cargo de esa niña cuando decide hacer pataleta. La niña no siempre está preparada para ser adulta y la adulta no siempre está preparada para ser niña, el reto está en encontrar el balance entre ambas personalidades.
Y creo firmemente que no solo yo vivo con ambas en mi interior, esto aplica para todos, sin excepción.
Cuando estés teniendo un mal día, un momento difícil, cuando no sabes qué es justamente eso que necesitas recuerda: a veces tu niña/niño solo necesita un poquito de diversión… dale la atención que necesitas y verás como todo cambia para ti.