El silencio, mi atributo más preciado.

Desde muy pequeña me he caracterizado por ser una persona callada. Siempre se me ha dado más fácil escuchar a las personas que hablar con las personas, de hecho solo las personas que realmente me conocen y les tengo mucha confianza logran conocer mi autenticidad completa. Esa Tary Ann graciosa que le gusta payasear, que habla y habla y comparte sus ideas, sus pensamientos, su sabiduría sin filtro, sin miedo, sin vergüenza a ser juzgada.


Antes, pensaba que ser así de reservada era un problema, pero con el tiempo logré comprender que esto era realmente un privilegio y un punto a mi favor, porque el ser así de reservada solo era una manera de proteger mi energía… y más que nada mi sensibilidad. Mi sensibilidad… esa que también en algún momento vi como un problema en mi vida, y que con el tiempo logré comprender que era realmente un privilegio y un don. Un don que después logré poner al servicio de la humanidad, pero eso ya es otro tema de conversación, aquí realmente lo importante y el enfoque es la ventaja y el atributo de ser una persona callada. 


Crecí en una sociedad en la que el más popular era el que más hablaba, porque supuestamente ese era el más escuchado. El que más hablaba era el que más se expresaba y eso supuestamente lo hacía el más valiente. Nunca me gusto ser el centro de atención, y recuerdo que en mi cabeza siempre me preguntaba si había algo malo en mi.


¿Por qué no me gustaba ser la más escuchada?

¿Por qué mientras que todos hablaban yo solo estaba sentada escuchando?


Siempre tenía algo para decir, el problema era que siempre lo pensaba y muy pocas veces lo decía. Creo que así pase toda mi época del colegio, me atrevería a decir que incluso mi vida universitaria. Fue hasta convertirme en una adulta y emprender mi proceso de maduración que entendí el trasfondo de toda esta situación. Cuando empecé todo mi proceso de introspección, autoconocimiento y autosanación pude comprender que mi silencio venía de mis rasgos analíticos, que mi silencio era porque estaba escuchando, y que no me atrevía a hablar porque desde pequeña aprendí a silenciarme por mis traumas que al final me terminaron beneficiando porque me enseñaron a escuchar con intención. Comprendí que no era el más valiente el que más hablaba, sino aquel que escuchaba con atención.


Con el tiempo aprendí que si escuchaba lograba analizar mejor la situación y entregar un punto de vista mucho más asertivo. Aprendí que muchas veces no es necesario hablar para participar en la conversación porque al escuchar ya estoy poniendo mi energía en ella, pero realmente era mi decisión hasta donde entregar mi energía a cada conversación. Fue con el tiempo y con hechos que empecé a entender que mis palabras eran sabias y que muchas veces las personas no solo estaban esperando mis consejos sino también mi opinión porque sabían que no hablaba mucho pero cuando hablaba era para decir algo que ya llevaba tiempo analizando. Ver a mis padres buscando consejos y aprendiendo muchas cosas de mi me hizo entender que nunca estuve en silencio por ser la menos popular, siempre estuve en silencio para aprender a desarrollar mi sabiduría. 


Con el tiempo, mi silencio se desenvolvió en unos de mis dones más preciados: el discernimiento. El silencio, se convirtió en mi más grande atributo y con él logré escuchar no solo las voces de la gente sino también la voz de Dios y el sonido de mis ángeles. Empecé a trabajar este músculo llamado “el silencio” conectando con el mundo celestial y canalizando mensajes para mi día tras día, en completo silencio encerrada en mi cuarto, solo eramos ellos, mi cuaderno y yo, lo que luego se convirtió en este blog y lo que hoy pongo al servicio de mis clientes como “Sesiones Personalizadas.” Con el tiempo me di cuenta también que podía canalizar mensajes celestiales por medio de mi voz los cuales comencé a grabar en forma de voicenotes en mi celular y solo escuchaba yo misma… hasta convertirse en mi podcast “El Arte de Solo Vivir” uno de mis espacios más vulnerables. 


¿Que increible todo el ruido que salió del silencio no?


Y yo que pensaba que ser la niña calladita diferente a todos los demás era mi debilidad más grande ahora es mi mayor fortaleza. En una sociedad donde hacer ruido se considera el mayor atributo el silencio se convirtió en mi más grande poder. Para mi, la verdadera valentía no se esconde en tener siempre algo que decir, sino en aprender a escuchar con atención para tener algo valioso que expresar. Desde entonces mi silencio se hace cada vez más alto, y cada vez que quiero encontrar algo para decir, busco el silencio. 


Mi consejo para ti, aprender a desarrollar el silencio, es mucho más difícil que hacer ruido, pero al escuchar comprenderás todo lo que se puede aprender observando y analizando lo que muy pocos logran ver, a veces el silencio es todo lo que necesitamos para aprender… sino preguntale a Dios dónde se aprende con Él.