Seguir a la manada.
Qué fácil es seguir a la manada, mirar a nuestro alrededor, ver lo que los demás están haciendo y actuar como ellos. Un instinto bastante animal de hecho, así sobreviven las manadas de animales en la selva. Pero qué difícil sería ser esa persona que marca la diferencia, esa persona que va en contra de la corriente, que hace las cosas de una manera distinta, que no come de creencias limitantes, de modas ni de costumbres, porque construye su propia realidad… ESAS, justamente esas, son las personas que cambian el mundo.
En mi meditación de hoy escuchaba una reflexión en la que decían que la vida es una constante elección, nada nos toca, nada es forzado, todo es una decisión que nosotros mismos tomamos cada día. Aún así, hay personas, muchas personas en este mundo, me incluyo por momentos, que piensan que seguir al montón es hacer lo “correcto.” Comemos de modas, de tradiciones, utilizamos a los demás y al montón de ejemplo para servir de guía en nuestra vida, y al final, nuestra vida se termina convirtiendo en una obligación más que en una elección. Sentimos la presión social por elegir un camino distinto y nos imaginamos las consecuencias sociales que eso pueda ocasionar en nosotros, cuando en realidad ni siquiera nos conocemos suficientemente a fondo para saber qué es lo que nosotros mismos queremos realmente.
¿Qué triste no?
Que triste ser uno más.
Que triste seguir la manada.
Que triste hacerle caso a la sociedad, a los políticos y a las religiones.
Que triste vivir con miedos impuestos, que ni siquiera son de nosotros.
Que triste cargar con traumas ajenos, que ni siquiera pertenecen a nuestro padres, ni a nuestro abuelos, sino a nuestros linaje ancestral.
Que triste vivir negándonos a ser nosotros mismos porque nos acostumbramos a lo que nos dijeron que éramos.
Que triste vivir con etiquetas, con reglas, con modas y costumbres que a veces ni queremos cumplir.
—
En esa misma meditación de hoy escuché una frase que siempre tengo muy presente, pero que por momentos necesito volver a escuchar: para crecer hay que cambiar, no podemos convertirnos en lo que necesitamos ser si nos quedamos en lo que somos. Queremos implementar cambios en nuestra vida, pero seguimos tomando las mismas decisiones, acciones y eligiendo el mismo camino.
Quiero ser más organizado, pero mi habitación se sigue viendo igual de desordenada.
Quiero mejorar mi salud física, pero sigo alimentándome con la misma comida y quedándome en la cama sin mover el cuerpo o hacer algún tipo de ejercicio.
Quiero tener mejores hábitos, pero sigo ingiriendo alcohol por lo menos una vez a la semana.
Quiero dejar de criticar a las personas, pero me sigo sentando con personas que solo se sientan a criticar.
Quiero meditar todas las mañanas, pero todas las mañanas me levanto y enseguida me pongo a trabajar en mi celular.
Quiero leer más libros y “no tengo tiempo” pero me gasto más de 5 horas al día viendo redes sociales.
Quiero descansar los fines de semana, pero apenas me invitan a un evento social ahí soy el primero.
Quiero interactuar más con la naturaleza, pero nunca salgo al patio de mi casa.
Quiero visitar más el mar, pero siempre tengo una excusa para no ir.
Quiero dormir más horas, pero por las noches me quedo viendo series hasta las 2 de la mañana.
Quiero pelear menos con mi pareja, pero en cada situación sigo reaccionando de la misma manera.
Quiero estudiar algo nuevo, pero nunca tengo tiempo para dedicarlo al estudio, aun así tengo horas infinitas para socializar con mis amigos.
Quiero tener más tiempo de calidad con mi pareja, pero cuando estoy con ella estoy todo el tiempo viendo el celular.
Quiero crear mi propia realidad, pero sigo pendiente de lo que los demás postean en las redes.
Quiero trascender mi salud mental, pero tengo resistencia de asistir a terapia.
Quiero acercarme a Dios, pero me limito a pensar que solo lo puedo visitar en una iglesia.
Quiero sentirme merecedor, pero en mi diálogo interno solo me sigo criticando constantemente.
Quiero encontrar nuevos negocios, pero sigo tocando las mismas puertas de antes.
Quiero tener una familia, pero sigo actuando como si quisiera quedarme soltero.
Quiero invertir en mi, pero siempre le entrego mi tiempo a los demás y no practico la solitud.
Quiero escribir un libro, pero no me siento frente al cuaderno a ver que ideas salen de mi cabeza.
Quiero dejar de preocuparme por las noticias negativas, pero sigo prendiendo el televisor por las mañanas y viendo el noticiero.
Quiero hacer nuevos planes, pero cuando llega el fin de semana no salgo de mi casa.
Quiero cumplir mis sueños, pero ni siquiera sé cuales son los sueños que quiero cumplir.
Quiero, pero.
Quiero, pero.
Quiero, pero.
Y aquí puedo seguir y seguir dando ejemplos de cómo nosotros mismos nos auto saboteamos.
Como dice mi coach: “si se lo que quiero se llegar a donde quiero, si no se lo que quiero, cualquier camino me sirve.”
Del querer al hacer hay un largo y extenso camino, pero para poder llegar al hacer primero hay que tener muy claro QUÉ es lo que queremos SER.
Si no se quien soy, ¿cómo puedo saber que quiero?
ESE para mi, es el primer problema al que se enfrenta la humanidad: no saber quienes somos… cada uno, individualmente.
Nacemos siendo lo que nos imponen.
Nacemos siendo quienes nos dicen que somos. Tu te llamas así, te pareces a tal persona, este es tu apellido, esta es tu familia, esta es tu casa, esta es tu educación, estas son tus creencias, tus tradiciones, tus costumbres. Tu familia hace esto, viene de este lugar, le gustan estos alimentos, habla este idioma, practica estos deportes, etc. etc. etc.
¿Qué agobiante no?
Casi que casi que nacemos preparados para ser robots.
WOW.
¿Y en qué momento yo decidí quién era?
¿Y en qué momento tuve la opción de elegir?
Precisamente a eso, va mi punto con este escrito…
Hoy ya eres libre.
Hoy ya eres independiente.
Hoy ya puedes reescribir tu historia una y otra vez.
Hoy ya puedes elegir por ti.
¿Qué historia quieres elegir para ti mismo? ¿La que te contaron o la que hoy tú decides crear para ti?
—
Te regalo esta frase de mi meditación de hoy:
“El mundo material tiene límites, el mundo espiritual no tiene barreras.”
Hoy, puedes elegir desde el mundo espiritual que quieres ser en este mundo, quien quieres ser, qué vida quieres vivir, como te quieres sentir, porque lo importante no es lo que tienes, sino cómo te sientes con eso que tienes. La riqueza no se mide por el tamaño de tu casa, la riqueza se mide por el nivel de paz que sientes en tu corazón.
