La luz y la oscuridad.
Vivimos en un mundo lleno de polaridades… siendo las polaridades esos polos opuestos con muchos caminos en la mitad.
Lo “bueno” y lo “malo” no existe, porque solo es una cuestión de perspectiva. Lo que para ti puede ser “malo” para otra persona puede ser perfecto tal y como es.
Desde aquí, desde este entendimiento podemos comprender que el Amor puede venir con mucho miedo, así como muchas cosas positivas en la vida pueden venir acompañadas de cosas negativas también. El problema es que vivimos en un mundo de extremos, en un mundo que es blanco o es negro, que es bueno o es malo, que está bien o está mal, y la realidad es que nada está bien ni nada esta mal.
A pesar de que todos los seres humanos, animales, plantas y todo aquello que pertenece a la tierra está unido por el poder de la creación que es Dios, no todos estamos destinados a experimentar la vida desde el mismo lente, incluso ese lente en distintos momentos de la vida variando en su aumento. Para marcar esta diferencia existen perspectivas, puntos de vista, cada persona tiene uno distinto porque cada cabeza es un mundo, y cada uno de estos mundo merece ser respetado. Sin embargo, existe una gran falta de comunicación, muchas veces pensamos que todos venimos con el mismo chip y pensamos de la misma manera y asumimos que los demás van a ver las cosas de la misma perspectiva que nosotros.
Por eso hoy, quiero hablar sobre mi perspectiva acerca de la oscuridad.
¿Cómo veo la oscuridad?
¿Cómo siento que usualmente se percibe, por lo menos en mi cultura?
¿Cómo la he experimentado?
¿Qué he aprendido de ella?
Empiezo por contar mi historia…
Cuando decidí empezar a indagar en el camino del bienestar, la salud mental, la salud emocional, la sanación y expansión, yo estaba en un lugar muy oscuro de mi vida, y en ese momento pensaba que estaba “mal” en el lugar incorrecto y desde la perspectiva equivocada. Solo puedo decir que en una cosa tenía razón, la perspectiva si era equivocada, porque tenía puestos unos lentes en los que veía todo desde la carencia y no desde la abundancia. Pensaba que me faltaba mucho para llegar donde quería estar sin darme cuenta que ya lo tenía absolutamente todo en mis manos. Andaba buscando y persiguiendo mi luz, pero en ese afán no me volteaba a mirar mi oscuridad, eso a lo que en terapia transpersonal llamamos “sombra” y eso a lo que no me atreví a mirar hasta que asistí a terapia.
Los seres humanos, somos seres llenos de infinita luz, venimos de la luz y llevamos esa luz con nosotros, somos recipientes de luz y podemos ir llenando ese recipiente de luz cada vez más y más. El problema es que pensamos que para tener luz debemos eliminar la oscuridad, cuando en realidad para tener luz necesitamos abrazar y honrar también la oscuridad, es por ahí por donde empezamos a brillar.
Nuevamente regresamos a las polaridades… ¿Hay noche sin día? ¿Hay alegría sin tristeza? ¿Hay paz sin guerra? ¿Hay luz sin oscuridad?
La oscuridad es NECESARIA.
Es IMPORTANTE.
NECESITA ser validada y reconocida para poder sanar.
Y la verdad amigos… todos tenemos cosas pendientes por sanar, siempre las tendremos porque esa es la misión que vinimos a cumplir aquí en la tierra, es un camino de nunca acabar, vivir la vida atravesando los momentos, las emociones, las polaridades, las circunstancias, los problemas, aprendiendo de cada situación, sacando la mejor lección de ellas, y en el camino expandiendo nuestra mente y nuestra vida más y más.
La oscuridad no es magia negra, y aún así tenemos tanta resistencia a ella porque en las religiones nos han enseñado que todo aquello que es “oscuro” no viene de Dios. Nuevamente empezamos a conversar sobre las perspectivas, todo es como nosotros lo vemos, y pienso que hasta Jesús en su transitar por la tierra experimentó el dolor.
La oscuridad son las partes de nosotros que muchas veces no queremos ver porque incomoda.
La oscuridad es eso que duele, eso que aunque por momentos logramos silenciar en el afán del día a día, cuando cae la noche y llega la madrugada nos quedamos viendo al techo y nos enfrentamos a ella.
La oscuridad es eso que no se dice, de lo que no se habla, lo que se tapa y se esconde detrás de la pared.
La oscuridad son esos traumas que de niños cargamos con nosotros y en nuestra adultez se ven reflejados en problemas personales.
La oscuridad es ese dolor que maquillamos para intentar no sentirlo y hacer el intento de silenciarlo.
La oscuridad es ese miedo, esa rabia, esa envidia, ese resentimiento, que muchas veces sabemos que está ahí, pero en otras ocasiones todavía ni siquiera lo hemos reconocido.
La oscuridad es eso que estorba, eso que molesta, eso que muchas veces no sabemos de dónde viene pero no lo queremos sentir.
La oscuridad es esa voz interna que por momentos nos grita “no puedes” “no lo vas a lograr” “no eres suficiente” “lo estás haciendo mal.”
La oscuridad es eso que sacude y nos saca de nuestra zona de confort.
La oscuridad es eso que nos hace pensar que falta algo cuando ya lo tenemos todo.
La oscuridad es eso que muchas veces sentimos y no decimos por miedo a expresarnos o ser vulnerables.
La oscuridad es esa frustración que nos sumerge en un espiral de problemas del que pensamos que nunca vamos ni podemos salir.
La oscuridad es esa falta de motivación y de ganas por levantar la cabeza y el cuerpo entero de la cama por las mañanas.
La oscuridad son esas quejas que nos inundan la mente y nos hacen ver todos esos problemas que un día vimos pequeños extremadamente grandes.
La oscuridad es ese obstáculo que nos nubla la vista ante toda la gratitud por la vida que tenemos para ofrecer.
La oscuridad es solo una barrera hacia la infinidad de milagros que ocurren a nuestro alrededor día a día, pero una vez le damos la atención que se merece el camino se despeja y esa oscuridad nos permite ver todo más claro. Porque la sombra ahora no está frente a nosotros pidiendo que le prestemos atención, sino que ahora camina detrás de nosotros permitiéndonos voltear a mirarla cuando lo sintamos necesario para volver a honrar y reconocer todo lo que hemos logrado sobrepasar y avanzar.
La oscuridad es un potencial infinito por descubrir.
Vamos por la vida intentando ignorar la oscuridad y maquillando la vida pensando que así la lograremos esconder y es ahí cuando en realidad se expande aún más. Aparecen los vacíos, las carencias, las heridas que nos impulsan a tomar decisiones desde el dolor, desde la rabia, desde un lugar inconsciente en el que probablemente no sólo nos lastimamos más a nosotros mismos, sino que empezamos a hacer daño a los demás.
¿Qué he aprendido de la oscuridad? Entre más rápido la reconozca, más rápido podré experimentar sus milagros y transformar esa oscuridad en un potencial infinito de luz.
La oscuridad es luz, porque sin oscuridad no hay luz y sin luz no hay oscuridad.
