Lo extraordinario de lo ordinario.
En lo “ordinario” de la vida, se esconde lo “extraordinario” que la conforma.
Hoy me levanté pensando en como ayer ya es parte del pasado, y cada segundo que vivimos se va convirtiendo en un recuerdo.
Me levanté pensando en lo rápido que esta vida nos pasa por enfrente y en cómo muchas veces ni siquiera estamos presentes para vivir cada momento al máximo.
Me levanté pensando en como tomamos por sentado momentos de la vida que solo se viven una vez… que se van y no regresan porque ya se vivieron.
Me levanté pensando en como en un abrir y cerrar de ojos el presente se convierte en el pasado y nosotros ahí tan enfocados en el futuro.
Todos estos pensamientos me surgieron al ver recuerdos de hace menos de una semana, de regresar a ellos y ver como ya se habían convertido en parte de mi pasado, pero sobre todo de ver con inmensa satisfacción como me los disfrute.
Hoy, me levanté pensando como dentro de lo ordinario se esconde lo extraordinario de la vida y aún así siempre estamos buscando experimentar cosas fuera de lo común para sentirnos en plenitud.
¿Cómo sería la vida sin muchas de las cosas que tenemos todos los días?
Siempre queremos tener más de lo que ya tenemos para sentir que la vida es extraordinaria, pero no nos damos cuenta la magnitud de lo extraordinario que se esconde en las cosas ordinarias de la vida…
Como por ejemplo:
tener ojos para ver cada mañana un amanecer al despertar,
tener brazos y piernas para mover nuestro cuerpo y transitar por el mundo,
tener oídos para poder disfrutar de los sonidos de la naturaleza y la música que escuchamos cada día,
tener una boca para saborear cada alimento que ingerimos,
tener una nariz para identificar el aroma de las flores o el sencillo olor de la persona que amamos.
Tener un lugar para dormir, una persona a quien amar, tener un cielo… un cielo al que podemos recurrir en cada instante donde requerimos un momento de paz.
Tener vida…
Eso es lo más ordinario pero también lo más extraordinario de nuestra existencia, y es el milagro más bonito que experimentamos cada día.
Aunque hoy agradezco plenamente por tener a mi familia conmigo y llena de salud, hubo un momento en el que no tuvimos que morir porque ya estábamos muertos en vida… y de esa oscuridad tan profunda aprendí y entendí que podemos encontrar la luz en eso que tomamos por sentado y que muchas veces nos olvidamos de agradecer. Justamente esos momentos son lo que hoy me inspiran a escribir este grandioso mensaje, en el que me invito a mí y a cualquier persona a quien llegue este mensaje a encontrar lo extraordinario en lo ordinario de la vida.
Es como dice ese dicho tan cliché pero tan cierto: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.”
Y aunque esté muy relacionado con las parejas y el desamor, es una frase que aplica para absolutamente todo en la vida.
Muchas veces podemos desear hoy lo que tuvimos ayer, pero ya hoy no lo tenemos… algo tan sencillo como una comida, un atardecer, una compañía, una conversación, en esta vida simplemente no debemos tomar NADA por sentado porque nunca sabemos este exacto instante cuando lo volveremos a tener.
Hoy solo se que he aprendido una grandiosa lección en este transitar: quiero vivir al máximo hasta lo más mínimo, porque es ahí en lo mínimo dónde se esconde lo máximo. La vida se nos va en un abrir y cerrar de ojos, sobre todo cuando vamos demasiado rápido y no frenamos a disfrutar cada instante… sino pregúntenle a unos padres nuevos que tan rápido va creciendo su bebe.
La vida está conformada por instantes… y son esos instantes que van a millón los que en un futuro se convierten en las mejores memorias del pasado.
Hoy, yo elijo no vivir de las memorias, sino de los momentos, de los instantes… Al final, cuando vivimos creando momentos sin querer queriendo terminamos cultivando las mejores memorias, esas que quedan tatuadas para siempre en nuestro corazón.
Cuando sentimos que la vida se nos va en un abrir y cerrar de ojos es porque probablemente estábamos muy ocupados viviendo, y hoy yo quiero vivirla desde un lugar consciente. Un lugar en el que no esté ocupada ni con el pasado, ni con el futuro, sino un lugar en el que esté completamente disfrutando el momento presente, el que tengo ahí justo enfrente de mi, el que puedo disfrutar y con el que puedo trabajar.
Hoy ya no quiero tomar nada por sentado, ni siquiera una llamada o un sencillo mensaje, el cafesito de la mañana o el almuerzo de cada día, ni siquiera el delicioso vaso de agua que tengo la fortuna de tomar al despertar… pensémoslo de esta manera, hay personas en este mundo que ni siquiera eso pueden tener.
Hoy quiero vivir en gratitud solo por respirar,
por despertar,
por amanecer viva.
Hoy quiero vivir momento a momento, minuto a minuto saboreando lo delicioso que es vivir esta vida, porque si algo tengo claro es que nadie sabe lo que va a pasar mañana y la verdad no se hasta cuando la pueda vivir.
