Los duelos que son maestros.
Si bien he pasado por muchos momentos en mi vida en los que me he enfrentado a duelos, creo que por primera vez en mi vida estoy aprendiendo lo que es permitirse sentir un duelo.
Hoy, sentada en el aeropuerto mi papa me dijo: ¿Te puedo dar un consejo? Al cuál respondí, si claro cuéntame, me dijo… llevas mucho tiempo poniendo muchas cosas tristes sobre tu ruptura amorosa pero no estas poniendo cosas positivas, y la gente me está preguntando si te pasa algo…
Con su comentario, tuve muchos sentimientos encontrados. Primero, porque no sabía que la gente estaba sintiendo esa vibra de mi, pero segundo, no había nada de eso que me estuviera molestando en realidad, pues mi propósito con TaryTarud STUDIO siempre ha sido ser honesta… incluso cuando las personas están esperando algo de mi que yo en algunos momentos de mi vida no les puedo entregar.
Hace dos meses, cuando terminé mi relación, el cual es el duelo al que me vengo enfrentando desde entonces… mi único anhelo era salir de ese duelo rápido. No quería sentir, no me quería sentir ni débil, ni triste, ni vulnerable, no quería poner mi vida en pausa para nada, simplemente quería levantarme al día siguiente y estar bien. Y aunque el primer mes, esa táctica me “funcionó” (dentro de lo que cabe), al segundo mes ya me estaba enfrentando a una Tary Ann completamente diferente.
Todos tenemos duelos en esta vida, algunos pasamos por situaciones un poco más pesadas que otros, pero para cada quién su duelo es gigante y no se puede minimizar el dolor ajeno porque no somos nosotros quienes lo estamos sintiendo.
Al terminar mi relación y querer yo misma minimizar mi dolor, me di cuenta que ponerlo a un lado no lo iba a curar, sino que sencillamente lo iba a hacer aumentar porque iba a quedar guardado detrás de una pared, intentando ser parte de un olvido que solo era ficticio porque tarde o temprano en mi soledad todas las emociones iban a salir a flote. La realidad es que eso fue justamente lo que pasó. Intenté ignorar, ignorar e ignorar hasta donde más pude, y en uno de mis viajes cuando me vi enfrentada a la realidad de que estaba completamente sola, ese dolor ignorado empezó a salir a flote… y fue justo ahí cuando empecé a tomar acción.
Trabajando con varias personas que podrían ser de gran ayuda en este proceso, empecé a descubrir que detrás de todo ese dolor se esconde un potencial infinito. Que era una realidad que no solo yo, sino millones de personas a diario pasan por duelos, y que mis palabras pueden llegar a tocar corazones de personas que ni siquiera sabemos que están heridas y sintiendo dolor.
Empecé a darme cuenta todas las herramientas que eran posible recoger de una situación que a mi me estaba doliendo, pero que había llegado para enseñarme, y eso fue posible cuando empecé a indagar en qué era lo que había pasado. En ese proceso, descubrí que la otra persona solo había sido un grandioso espejo para mí, el cuál me había retado y me había mostrado muchas cosas mías que estaban escondidas detrás de mi pared.
Descubrí que ya no importaba lo que la otra persona había hecho, lo importante era analizar lo que había hecho yo… y ahí, en ese cuestionamiento descubrí uno de mis más grandes problemas para trabajar: mi necesidad de tener el control. Aprendí, que si no lidiaba con eso, la vida iba a continuar poniendo personas frente a mi con situaciones muy similares para enseñarme que el control de mi vida solo está en manos de Dios.
Descubrí que habían muchas creencias limitantes que venían de todos los legados antiguos de mi familia con los cuales yo estaba cargando en mi relación, como por ejemplo el famoso dicho de que “todos los hombres son iguales.” Me di cuenta en esto también, cuan minimizados están los hombres, sobre todo en una sociedad latina como la mía, porque van todos tan crucificados que al final nadie se da el chance de entenderlos.
Descubrí que aunque me consideraba una persona madura, me faltaban millones de cosas por madurar, sobretodo en mis relaciones, porque siempre había repetido los mismos patrones sin importar con qué persona estaba, como por ejemplo el de querer hacer todo a mi manera, o el de burlarme de mi pareja públicamente, lo cual es considerado el primer nivel de maltrato en el violentómetro… violencia de la cuál yo ni era consciente.
Descubrí que la palabra tiene más poder de lo que pienso y que si yo no estoy vibrando alto nada en mi vida va a vibrar de esa manera.
Descubrí que cuando me abandono a mi misma, me siento abandonada por los demás, porque así esas heridas vienen conmigo desde mi infancia, ahora soy yo la única adulta responsable de la niña que vive conmigo en mi interior.
Descubrí que muchas veces cuando necesitaba mi soledad, era porque yo no me la estaba dando, no porque los demás estuvieran invadiendo mi espacio. Incluso, entendí que las personas están dónde tienen que estar en el momento que deben estar, y eso me hizo entender lo difícil que es para mi por momentos apreciar la compañía y estar agradecida por ella.
Descubrí que no soy víctima de nadie más que de mi misma, porque si tengo claros mis límites sé hasta dónde llegar y dejar llegar a los demás.
Descubrí que cuando entrego Amor, recibo Amor, que no puedo esperar recibir lo que yo misma no estoy dando y no ME ESTOY dando.
Descubrí que las acciones de los demás, no son mi responsabilidad, mucho menos estoy a cargo de sus situaciones o de sus problemas, si no me gusta como alguien está tomando acción lo único que puedo hacer es comunicarlo de una manera respetuosa, pero al final es su problema si cambiarlo, no el mio.
Descubrí que aunque muchas veces intentamos de mil maneras forzar las cosas, los planes de Dios son perfectos y yo no tengo el control de nada porque ya todo está controlado por Él.
Descubrí que el camino de evolución de las parejas no siempre va alineado, por eso existen los divorcios, porque hay parejas que se desalinean y se vuelven a alinear, pero hay otras que simplemente sus almas están destinadas a tomar caminos distintos.
Descubrí que estaba permitido sentir a profundidad, y que esa adolescente que se escondía en su closet a llorar para que nadie la viera… ya no necesitaba esconderse más. Por esta, por esta sencilla razón, me deje de esconder y empecé a ser libre… Libre con mis emociones, libre con mis sentimientos, libre con mi duelo, libre con mi dolor. Porque si para algo estoy aquí es para compartir la energía, la voz y todo lo que el Amor trae consigo… y los duelos también son parte del Amor. El Amor por ti, el Amor por el otro, el Amor por la vida, el Amor por los procesos, el Amor que es Dios.
Después de varios duelos en mi vida, y me atrevería a decir que no han sido para nada ligeros la verdad, llega una relación que me convierte en un ser sensible, al cual las personas pueden ver con compasión y pensar “pobresita” pero la realidad es que para mi yo diria mas bien “que valiente” porque toma demasiada valentía desnudarse a menudo siendo intensamente vulnerable. A mi personalmente, me cuesta demasiado decirme lo que siento, como me siento, y todo este duelo ha sido un completo reto, no solo por compartir lo que siento… sino más por permitirmelo sentir.
Si me llevo una gran lección de esta etapa de mi vida, es la de permitir que los procesos de la vida se desarrollen en el tiempo que sea necesario. No tengo el control de nada, ni siquiera el control de agilizar los duelos en mi vida, por más rápido que quiera que pasen, no puedo acelerar el tiempo. Lo único que sí está verdaderamente en mis manos es como hacerme responsable de mí en el proceso, como hacerme cargo de esa niña lastimada, pero sobre todo salirme de mi papel de víctima para entender que esto no me esta pasando a mi, sino para mi… y asi mismo poder sacar grandes lecciones de ello.
Así mismo les digo… quizás últimamente he estado compartiendo más desde mi dolor que desde lo positivo, pero no hacerlo sería traicionarme a mí y traicionar a mi comunidad mostrando una falsa felicidad, cuando en estos momentos mi propia vida está pasando por grandes procesos de sanación y evolución.
Lo que sí tengo claro es que así como la tormenta va pasando, también se van recogiendo grandes frutos de las cosechas que se alimentaron con la lluvia… y todo este duelo solo es una mina de información por explotar, porque no hay mejor maestro que la experiencia.
