El hermoso espejo que es el otro.
Las dos personas crean la perfecta situación para aprender aquello que están destinados a entender, al vibrar energéticamente en la misma frecuencia.
Reyes y reinas de la manifestación.
Si saben esa oración en la iglesia católica que dice: “he pecado mucho en pensamiento, palabra, obra y omisión”
y luego… nos empezamos a dar golpes de pecho y a decir: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.”
Ok.
Hay tanta culpabilidad en estas palabras, y de hecho nos entrenaron para sentirnos culpables, pero cuando llega la hora de asumir nuestras conductas fuera de la iglesia, usualmente buscamos un candidato para culpar.
“No me hagas ser una persona que no quiero ser.”
“Tu me llevaste a eso.”
“Viste lo que causas.”
… Frases muy comunes en un/a maltratador/a al agredir a si victima.
¿A qué voy con todo esto?
Vivimos en un mundo de polaridades en el que pensamos hacer las cosas bien, pero cuando vemos a otra persona hacer lo mismo… lo criticamos.
Vivimos en un mundo en el que es más fácil identificar las faltas del otro que las nuestras.
Un mundo en el que queremos Amor, pero no somos conscientes de como lo entregamos, ni como lo recibimos.
Un mundo en el que creemos conocer tanto al otro, pero muchas veces ni nos conocemos a nosotros mismos.
En un mundo en el que es justo hacerlo, pero no que no los hagan a nosotros.
Un mundo en el que vivimos esperando a recibir cuando por momentos nisiquiera podemos dar.
Un mundo tan irónico en el que todo nos parece injusto, pero se convierte en justo cuando es para nuestro beneficio.
Un mundo en el que esperamos recibir todo el Amor del mundo, pero se nos hace difícil entregarlo.
Un mundo en el que amamos al otro sin tan siquiera amarnos a nosotros.
¿Qué ironía no?
Somos perfectos espejos porque cuando no vemos nuestro reflejo con claridad llega el otro con un espejo gigante, limpio y lleno de brillo esperando a ver como nos vamos a reflejar.
Somos necios, tercos, orgullosos, y nos aferramos tan fuerte al ego como deberíamos aferrarnos al Amor.
Lo más irónico de todo es que el Amor es la energía que nos compone… y entonces ¿por qué en medio de una pelea sin sentido se nos hace tan complicado decirle a nuestra pareja: te amo, lo siento, busquemos la manera de encontrar una solución?
Te tengo una sencilla respuesta:
Así es nada más y nada menos como nos han enseñado a “sobrevivir” defendiéndonos con violencia como aún en el 2024 lo seguimos haciendo con guerras, cuando la verdadera defensa se esconde en el Amor.
El Amor es la motivación, el camino y el final.
El Amor es TODO…
y muchas veces en su ausencia lo vamos olvidando.
Nos vamos perdiendo en el afán de la rutina y cuando sentimos culpa por olvidarlo volteamos a un lado y decimos “no fue mi culpa, fue la tuya.”
Qué fácil es culpar al otro ¿no?
Problema solucionado.
Pero ahí es donde te pregunto ¿el problema de verdad se solucionó? o ¿esto es solo una solución temporal?
Por esto tantos divorcios, tantas separaciones, porque al liberarnos del otro, nos “liberamos” del problema ¿cierto?
Pero cuando el otro se va… el problema solo agarra fuerza… se expande… pero ahora solo estoy triste porque el otro se fue.
¿Y que tal si hubiera actuado desde el Amor?
¿Estaría aquí sentado/a sintiéndome así?
¿Esto valió la pena?
Pues te digo… SIEMPRE la vale, porque todo es perfecto tal y como es.
Hace falta por momentos romperse para reconstruirse, morir para saber vivir, estrellarse para aprender.
Hace falta por momentos descansar un poco de la luz y visitar la oscuridad, ver en nuestra sombra que se esconde en nuestra mente que no estábamos viendo con los ojos.
Hace falta por momentos perder… perder momentos, situaciones, personas, para aprender a encontrar su sentido y su valor.
Hace falta por momentos que nos arranquen la venda de los ojos que nosotros mismos ayudamos a poner.
Hace falta por momentos apagarnos para encendernos, hacer silencio para escuchar.
Hace falta por momentos ver posible lo imposible, para entender que nuestro control solo está en manos de Dios.
Hace falta por momentos quedarnos sin Amor externo para entender que somos nosotros los únicos responsables de cultivar Amor en nuestras vidas.
Hace falta por momentos perder aquello que amamos para así poder encontrar nuestra manera eficiente de amar.
Hace falta por momentos dejar ir en lagrimas toda esa rabia acumulada que hoy se convierte en nostalgia, porque al final no te sirvió de nada más que para aprender.
Hace falta por momentos que duela, y que duela bastante, para así darnos cuenta todo lo que somos capaces de sentir.
No hace falta por momentos quitarse la ropa para quedar desnudo, basta solo encontrar esa desnudez en ser vulnerable.
Encuerémonos de miedo y aceptemos que estamos tristes, que tenemos rabia.
Quitemos cada pieza de ropa en cada lagrima, en cada palabra, en cada risa.
Seamos auténticamente vulnerables, porque ahí, se esconde la verdadera valentía…