Hay sueños rotos.
Noches oscuras y mañanas cortas.
Hay dolor, mucho dolor.
Ese que se siente en la boca del estómago y se conecta con el alma.
Hay luz, luz que quema porque todo duele.
En uno de esos días largos de nunca acabar escribí esta carta.
Carta de mi para mi.
Que me conecta con todo lo escondido, lo escondido detrás del dolor.
Se que no soy la única que se ha sentido sola y sin rumbo, en un laberinto de nunca acabar.
Y aunque se que duele, se que sana.
Que sana todo dentro de mi.
Nadie dijo que las cosas de vez en cuando se ponían turbias, no estamos entrenados para eso, pero la realidad es que eso sucede.
Es una realidad.
Y para ti compañero que te encuentras en soledad, que tu corazón y el mío conecten para hacernos compañía.
Porque en la compasión se esconde el secreto, la llave al candado de la plenitud.
El amor incondicional, eso abre fronteras.
Te permite descubrir las oportunidades que se esconden detrás de lo real, el amor.
Así es amigo mío, el amor es la clave del éxito porque si puedes ver a tu “enemigo” a los ojos y sentir compasión hacia el, todo está soldado en tu vida.
No hay pendientes, personas que perdonar.
Rencores por dejar ir, carencias, carencias amigo mío.
¿Porque sabes? Aquel que le sobra el amor no tiene problema en compartirlo.
Perdonar sana, soltar también, ¿pero sabes tú qué es lo más lindo de todo?
Que vas evolucionando y en cada capítulo eres una nueva versión de ti, y lo mejor es que es una versión con más experiencia, más lista para lo que viene que la anterior, y menos que la siguiente.
Como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga” porque de amor no se muere, pero desde el amor si se vive mejor, más bonito.