Todos los días son para recordar.
Pensamos que pensando en lo que pasó ayer vamos a controlar lo que sucede hoy.
Pensamos que teniendo el control sobre el futuro vamos a vivir más felices en el presente, y en el camino por controlar lo que pasó o lo que está por ocurrir, nos olvidamos de lo que ya está ocurriendo.
Hay días en los que el pasado me persigue, días en los que el futuro me asusta, pero que pasa con el día de hoy?
Hoy es un día que se va y no regresa, y todos los días se merecen el mismo grado de importancia.
Te comparto una frase que alguien muy especial un día me regaló a mi:
“Todos los días son un día para recordar.”
En el afán por tener todo bajo control nos olvidamos de soltar el miedo a lo que pueda pasar o nos consumimos en la culpa de lo que ya pasó.
Pienso que esa es la magia de dormir por las noches y despertar por la mañana, una nueva oportunidad para volver a empezar. Un reinicio, una despedida y una bienvenida.
El presente es el mejor regalo que tenemos en nuestras manos, y muchas veces por estar pendiente del regalo que perdimos o de aquel regalo que queremos, nos olvidamos de apreciar el regalo que tenemos enfrente, listo para abrir.
Esa es la ambición que caracteriza al ser humano, y el mayor causante de la infelicidad: la necesidad de siempre querer más.
Al final, pienso que querer más no tiene absolutamente nada de malo, el verdadero problema es no notar aquello que ya tenemos en nuestras manos.
La vida misma me ha enseñado que entre más agradecemos, más recibimos, esa es la magia de manifestar. Porque en el camino a estar agradecidos nos olvidamos de aquello que nos “falta” así cuando por fin llega a nosotros, nos sorprende porque nuestra energía estaba enfocada en otro lugar.
El Universo siempre tiene un plan para nosotros, incluso cuando nosotros mismos pensamos no tener uno.
La verdadera abundancia NO ES TENER,
la verdadera abundancia es AGRADECER.
Cuando te centras en las cosas por las que estás agradecido, alineas tu energía con la de los milagros…