Algo que cuesta decir pero voy a decir.
Muchas veces nos hacemos los fuertes con la intención de evitar ser lastimados, pero al escondernos en una coraza de valentía nos lastimamos nosotros mismos apagando nuestra vulnerabilidad.
Hoy descubrí que ser sensible no es una debilidad, ser sensible es una fortaleza, por lo menos para mi.
Aunque pensaba que entregar mi testimonio públicamente y abrirme a compartir mucha información sobre mi con mi comunidad ya era suficiente vulnerabilidad, ahí no es dónde acaba todo. La vulnerabilidad es una tarea diaria, una tarea que se debe aplicar en todos los aspectos de la vida.
Crecí siendo la hermana mayor de tres hermanos, con siete y diez años de diferencia entre ellos y yo, me toco madurar a la fuerza al asumir por momentos el papel de ser su mamá. Siendo la mayor, eres esa a la que más le exigen, de la que más esperan, especialmente si tienen toda la Fe puesta en aquello que puedes lograr. Pero a veces, esa misma presión es la que te bloquea, la que te cuestiona, la que te hace preguntarte si lo estás haciendo bien. Se activa un saboteador dentro de ti con nombre propio que intenta hacerte pensar que no puedes lograr aquello que te propones.
Si, aquí estoy, mostrándome vulnerable aunque por momentos parezca tener la resiliencia de Dios.
Por muchos años he vivido dentro de este disfraz, el de la niña fuerte que puede con todo, y ahora convertida en toda una mujer. Esa mujer empoderada que no se lastima, que no se derrumba, que no se derrota. Una mujer que está ahí para el que la necesita, pero que por momentos no ha estado ahí para ella. Una mujer que le cuesta confiar, que le cuesta creer, que aunque sabe el valor de su poder tiene un saboteador interno por momentos diciéndole que no puede.
Si, esta es la verdadera vulnerabilidad.
Encuerarse, encuerarse en público para impulsar a aquellos que no se atreven a encuerarse ni siquiera en privado con ellos mismos.
Y ahora me pregunto, ¿de que me ha servido ser tan “fuerte” si no he logrado mostrarme vulnerable?
Hoy, tengo más claro que nunca que la vulnerabilidad es valentía. No es solo llorar y que te vean, es atreverte a decir lo que sientes. Atreverte a sacar eso que llevas callado para poder sanar, para poder evolucionar.
Recuerdo esos momentos en los que para mi era tan difícil incluso darle un abrazo a alguien, o expresarle mi amor. Cada día que va pasando anhelo los abrazos más que el anterior, aprendo de aquellos que se atreven a mostrar su faceta cariñosa y recojo todo eso que me pueda funcionar. Y se que aunque todavía me falta mucha vulnerabilidad, cada día quiero ser más sensible, encuerarme más, mostrarme más “débil” porque en la “debilidad” es dónde se esconde la fuerza, la fuerza de tener los cojones para mostrar que no eres tan fuerte como para no caer pero si eres demasiado fuerte para volverte a levantar.