Lo terapéutico que es escribir.

Ser como el agua que fluye, como el fuego que quema, como el viento que sopla. 

Ser tan libre como el mar, tan fuerte como el viento.

Ser luz en lo oscuro, oscuridad en la luz, mar que limpia, lluvia que calma. 


Conectar con el cielo, conectar con la tierra.

Entender, pero también aprender.

Ser vida, dar vida, entregar vida pero también recibir. 

Superar, avanzar, soltar. 

Indagar para entender y transmutar para poder ser.

Vinimos a ser, pero no a ser perfectos. 

Vinimos a vivir, a sentir, a reír, pero también a llorar. 


Vinimos a abrazar tan fuerte como ese abrazo que le quisiéramos entregar a una persona que hoy nos acompaña desde el cielo. 

Vinimos a abrazarnos tan fuerte a nosotros mismos hasta recargarnos de amor y alegría, de abundancia. 

Vinimos a sanar tantas cosas, a cruzar tantos mares, a superar tantos miedos. 

Vinimos a soltar cordones, a sanar relaciones que nos anclan y no nos permiten llegar donde queremos. 


Vamos aprendiendo, vamos entendiendo que todo en la vida tiene su magia. 

Que lo perfecto se encuentra en lo imperfecto, y que lo único que no va y viene es la oportunidad de vivir este momento, el presente, de igual manera como la vida te lo permite vivir hoy, aquí, en este instante. 

Lo que se va, no vuelve, pero cada día es una nueva oportunidad para volverte a reinventar.

La vida es un constante cambio, un constante descubrimiento, disfrútalo, valóralo y aprécialo.