Las almas no viven sin sentir.

La vida no es blanca ni negra, ni mucha ni poca. No existe el bien, no existe el mal. 


Nada es permanente, todo es temporal. Los sueños no son sueños, son metas a corto y largo plazo que nos proponemos, pero que muchas veces no tomamos acción para cumplir.


Hay días “buenos” para ti, hay días “buenos” para mi. 

No somos dueños de nada, ni siquiera del tiempo. Ese tiempo que tanto te controla, que tanto te limita. 


Siempre podemos avanzar, pero también podemos retroceder. 


Hay días grises, esos que están entre blanco y negro, hay días llenos de muchos colores. 

¿Y quién es el artista para esta obra de arte?

O agarras el pincel o alguien más dibujará por ti.


Nada es perfecto ni está garantizado, entonces, ¿por qué vivimos preocupados por controlar lo que no podemos olvidar y olvidar lo que debemos ejecutar? 

No estamos conformes con nada. 

Reímos cuando se puede llorar y lloramos cuando podemos reír. 


Entonces al final me pregunto: ¿qué es eso que tenemos garantizado? 


Hay siempre oportunidades para crecer, aunque ese crecimiento muchas veces no sea muy cómodo. 


No tenemos vida, no tenemos muerte, porque aunque queramos negarnos somos seres permanentes.

Vivimos vidas, coleccionamos momentos, y qué es eso que nos llevamos? 

Los recuerdos.

Los sentimiento encontrados y recorridos por tu alma.

Lo que sentiste más que lo que viviste. 

Todos los aprendizajes en el camino de tu alma.

Tu recorrido por el SER.


Y ahí, en lo más oscuro de ese rincón, qué es lo que más te hace sentir? 

Para mi, evidentemente es el amor. 

El sentimiento más vivido pero menos explícito, porque cada quién lo siente y lo vive a su manera. 


El amor, no es solo un sentimiento.

El amor es experiencia, es aprendizaje. 

Amor es descubrir, es misterio puro. 


¿Dónde se esconde el amor por ti? 

¿Está muy alejado o cerca de aquí? 


Una cosa si te puedo decir, puedes amar sin amarte, pero nadie cocina sin probar su receta. 


En el recorrido de tu alma, al descubrirte, descubres eso que se esconde en cada quién. 

Al amarte, amas,

y al respetarte, respetas también. 


A esto sabe la vida: a descubrimiento, a recorrido. No son desafíos, ni barreras, sino acercamientos a tu destino final: el plan de tu alma, el plan del amor. 


Existe el miedo, obvio, algo contrario al amor tenía que existir. Lo bueno de este cuento es que siempre tienes opción. Siempre puedes crear, siempre puedes sentir, siempre puedes regresar a ti. 


Porque las almas que sienten son para siempre, y no hay un alma que pueda vivir sin sentir.