Sentir para vivir.

Van pasando los años y van creciendo los daños. Nada se hace más fácil, pero tú si te haces más fuerte. 


Cambian tus acciones y cambian tus reacciones, ahora eres más inteligente no solo mentalmente sino también emocionalmente. 


Ante las adversidades te sientes cada vez más preparado, ya nada te sorprende porque quizás ya has estado ahí anteriormente. 


Sientes igual que antes, la diferencia es que ya tú no eres el mismo, ahora te permites:

sentir,

canalizar,

transmutar

y avanzar. 


Porque quedarte estancado es tu peor castigo, y no lo digo como un castigo que se te imponga, es un castigo que tú te impones. 

La necesidad de culpar al otro por nuestras responsabilidades solo nos aleja de la solución.

El secreto del éxito está en enfrentar, en agarrar el problema de frente y usarlo a nuestro favor, utilizándolo para expandir y no reprimir lo que llevamos dentro. 


Mostrar emociones nunca ha sido fácil para nadie, siempre hay más motivos para esconderlas que para mostrarlas, siempre hay más motivos para juzgar que para entender. 

Siempre se ha competido por ser el más fuerte, y ¿por qué mejor no competimos por ser el más vulnerable?

Esa SI es la verdadera valentía: caerse pero siempre sabiendo que es posible levantarse. 

Levantarse más fuerte con la certeza de que entre más fuerte sea la caída, más fuerte te levantas. 

Porque los obstáculos en realidad no son obstáculos, son impulsos a tu renacer. 


Cuando tocas fondo, una parte de ti muere y otra vuelve a nacer. 

Renacimiento: reconstruir de las cenizas un YO más fuerte, más inteligente, más preparado.

Un YO que pueda con todo porque ya experimentó el punto de ser nada. 


En la oscuridad se esconde la luz más brillante, y aunque pensemos que es el arcoíris quién trae la calma, en realidad sabemos que sin tormenta no hay arcoíris. 

Sufrir también es parte de sentir, la única emoción válida no es la felicidad, así sea la más cómoda.


Se necesita la incomodidad para entender lo que en realidad es estar cómodo,

la tristeza para entender lo que es la verdadera felicidad,

se necesita sufrir para sentir que estamos vivos,

amar para entender todo aquello que tenemos para entregar,

y la rabia para enfrentar todo aquello que se necesite solucionar.


Las emociones no son castigos, son un hermoso regalo del SER. 


Sentir siempre será una gran parte de vivir, tan grande que nos permite ver aún todo lo que nos queda por recorrer.