Que te toque el amor y no la envidia.

La envidia te ataca si le entregas el poder para hacerlo, si bajas la guardia y dudas de tu fortaleza espiritual. Cuando te blindas ante ella, le impides tocarte.


Eres como una montaña y la envidia como una fuerte corriente de brisa, nada te derrumba y si te mueve solo te hace más fuerte. 


No le temas a la envidia solo encárgate de vivir en el flujo divino del amor, el flujo divino de Dios, así todo lo que entregues lo recibirás de vuelta, incluso cuando sienta que llega algo que no merecías. 


Es en las tormentas donde las montañas más se nutren, y después de cada tormenta terminan siendo más fuertes, más firmes, más estables. 


La envidia es una energía de acción que muchas veces genera reacción, pero la mejor reacción que se le puede entregar a una energía tan baja es una energía tan elevada como el amor. 


Todo aquel que padece de envidia, de algo carece en su vida, y me atrevería a decir que todo aquel que padece de envidia carece de amor en su vida.