Está de moda ser rebelde.

Hay personas que difícilmente tienen un techo para dormir, pero en sus ojos puedes ver la alegría y la plenitud de alguien que no necesita más nada en la vida. 

Ahora bien, hay otras que tienen más de lo que necesitan, pero aún sienten que necesitan más para vivir. 

Las personas que viven vs. las personas que sobreviven. 

¿Irónico no? 


El otro día me senté a pensar mucho en esto y llegué a la conclusión de que uno “necesita” solo aquello a lo que uno mismo genera necesidad. Cuando no conoces los altos niveles de excesos materiales sencillamente no te hace falta, puedes vivir con mucho menos que eso. Esto solo me demostró, una vez más, que lo que llena no es lo externo, sino lo interno. 


Me parece increíble como ante un mundo tan comunicado por redes, televisión, internet y todos los canales disponibles, aún existan humanos inconscientes de esto. Personas que gastan la vida trabajando por cosas materiales sin notar como se les va la vida y lo verdaderamente importante, el proceso de vivirla. No digo que las cosas materiales no generen cierta satisfacción, ojo, al final eso es energía que se está moviendo y el hecho de cumplir metas trae cierta satisfacción, aquí estamos hablando de prioridades. La verdadera pregunta es, ¿hasta que punto y hasta que nivel llenan esos logros? ¿Nuestra vida debería depender de ellos? Esto es tan sencillo como salir de fiesta y emborracharte o tener una cita con el psicólogo, ¿cuál te hace sentir mejor a largo plazo? Dime tú. 


Estamos acostumbrados a la satisfacción momentánea, a sentirnos plenos a corto plazo y vacíos a largo plazo. A vivir persiguiendo la felicidad sin entender que la felicidad la podemos crear nosotros mismo cuando nos enfocamos en nuestro interior. 


Hace un par de días, sentada en un restaurante con mi familia decidimos hacer un experimento. Había una banda musical cantando canciones que estábamos disfrutando mucho, cada vez que terminaba una canción nosotros aplaudíamos. Cuando nosotros aplaudíamos los demás aplaudían con nosotros, pero cuando no lo hacíamos, nadie lo hacía. Así somos los humanos, animales de costumbre. 


Estamos acostumbrados a seguir la manada, a ir dónde todos van. A dejarnos influenciar de los demás y de nuestro entorno. Nos hace falta criterio y determinación para tomar decisiones en la vida, tanto así que cuando alguien toma sus propias decisiones lo tildan de “rebelde.” Esa “rebeldía” siempre ha sido parte de mí desde que tengo uso de razón. 


Recuerdo que en el colegio cuando se ponían de moda unos zapatos y todo el mundo los tenía yo ya no los quería. Cuando todos estaban comprando una marca de maletín para el colegio, yo quería una diferente. Cuando todas mis amigas se pintaban el pelo mono, yo lo tenía naranja, y así sucesivamente con todo. Siempre me ha disgustado mucho encajar, y eso es algo que antes veía como una debilidad. Hoy agradezco por esa “debilidad” porque en realidad ha sido mi mayor FORTALEZA hasta para ejecutar mi trabajo cómo diseñadora de interiores. Recuerdo muchos de mis clientes decirme, “me da miedo aburrirme del color” pero también recuerdo una infinita cantidad de personas entrando a espacios diseñados por mi diciendo “wow.” 


La “rebeldía” me ha llevado por caminos desconocidos, me ha permitido descubrir y descubrirme más a fondo. Me ha enseñado a tomar riesgos, a tomar mis propias decisiones y a tener mi propio criterio. Me ha enseñado a explorar rincones desconocidos, a ser diferente. Desde pequeña había pensado que ser rebelde era algo malo, pero hoy me doy cuenta que es un PRIVILEGIO. 


Hoy te quiero invitar a rebeldizarte, a vivir sin miedo, a tomar decisiones y riesgos. Te invito a salir del molde, a no ser uno más entre el montón sino a marcar una diferencia. Te invito a atreverte sin miedo a fracasar, porque si lo intentas ya ganaste, tomaste el riesgo. Hoy te invito a ser como esa Tary que siempre se ha lanzado a hacer algo diferente, esa que no le gusta verse igual que los demás. 


Si no te atreves a tomar el riesgo nunca sabrás cuál es el resultado, y no creo que quieras vivir con la duda. Aparte, que aburrido ser más de lo mismo ¿no?