Aprendiendo de mis heridas.
Soy luz.
Soy resiliencia.
Soy amor.
Agradezco por todos los momentos tanto enriquecedores como dolorosos que hoy me han convertido en esta persona que soy.
Agradezco por los tiempos difíciles y por los momentos fáciles de sobrellevar.
Agradezco las caídas, los tropiezos.
Agradezco por la oscuridad, esa oscuridad que me ha permitido presenciar la verdadera luz.
Hoy entiendo, que no hay luz sin oscuridad, no hay amor sin sufrimiento, porque hace falta sentir de vez en cuando que nos morimos un poquito por dentro para volver a renacer.
Renacer y volver a extender nuestras alas nuevamente para despegar y volar.
Renacer de las cenizas como el ave Fénix, construyendo una versión de mi cada vez más empoderada.
Soy fuerte.
Más fuerte de lo que pienso.
Hace falta honrar mis cicatrices para entender mis heridas, recordarlas y transformarlas.
Transformarlas en hermosos aprendizajes que hoy hacen parte de mis experiencias.
Las experiencia de mi renacer.
Entender de dónde viene mi poder.
Gracias, gracias, gracias porque hoy se que si me caigo me puedo volver a levantar.
Y cuando me levanto… soy más fuerte y más resiliente que antes.