La vulnerabilidad es valentía.
No es debilidad.
Es la fortaleza de ser capaz de abrirte a mostrar lo que en realidad eres.
Cuando te abres a expresar permites que los demás se expresen contigo.
Muchas veces nos da miedo comunicar.
Nos da miedo sentirnos vulnerables.
Vulnerables a que el otro no reciba la información cómo tu quieres, pero fíjate bien esto que acabo de decir: “el otro no recibe la información como TÚ quieres”
Y si mejor entendemos que cómo los demás reciban nuestra información NO es nuestra responsabilidad.
Nuestra responsabilidad es simplemente comunicar lo que tenemos para decir.
Hacer preguntas incómodas, tener momentos incómodos de conversación, pero es que ahí es dónde está la magia, en la incomodidad.
Cuando evadimos un tema y evadimos una conversación dejamos temas pendientes para después. Lo postergamos cada día más y más evadiendo una realidad que tenemos antes nuestros ojos.
Creamos lo que llamamos “taboo”
Somos seres comunicativos y estamos aquí para comunicarnos, sino porque crees que Dios te entregó el don para comunicarte de alguna manera?
Sea hablando, con una mirada, con una señal, cómo sea que estés acostumbrado a entregar tus mensajes a los demás, siempre estás preparado para entregar tus mensajes de alguna manera.
Dicen que la clave del éxito para una relación es la comunicación, y cuanta verdad hay en eso.
Pero ojo, la comunicación no es solo hablar, sino atreverte a decirlo todo.
Tener la valentía para sacar lo que lleves dentro, para ponerte en “ridículo” y “pasar la pena” cuantas veces sea necesario con el fin de comunicar lo que tienes para decir.
Hoy te digo, no importa en realidad cuál sea la respuesta, y aunque muchas veces no estés preparado para escucharla, decir las cosas desde el alma, desde la honestidad y desde el amor, solo son pasos que se deben tomar hacía tu libertad.
Así la comunicación te cierre puertas, al final te abrirá otras.
Las puertas correctas.
Las puertas de tu verdad.
Las puertas de tu versión más auténtica.
Esa versión que tiene la valentía para decir, para sentir, para comunicar, siempre pensando en su bienestar y en el bienestar colectivo.
Yo he vivido con mucho miedo a comunicarme. Mucho miedo de entregar lo que tengo para decir al Universo y a los demás, pero Dios siempre me ha escuchado y siempre me ha dado luz verde cuando yo pienso que está en roja.
No hace falta creer en más nadie que en ti, para así poder decir lo que sientes, lo que te nace desde tu corazón.
Es muy cierto que toma valentía decir eso que llevas ahí atrancado, pero te aseguro que apenas lo digas te vas a sentir completamente liberado.
Quién esté preparado para escucharte lo hará, y quién no probablemente te criticará. Solo quiero que sepas, que aquellos que se dedican a criticar tus palabras, probablemente tengan mucho más que decir que tú.